
Un triste grupo de personas estaba reunido alrededor de la cama de John Gifford. Gifford había sido el leal pastor de una pequeña congregación que trataba de sobrevivir en tiempos difíciles. Ahora yacía en su cama, luchando por respirar, fiel a su congregación hasta el final. Entre sus últimas palabras, hizo una petición: «Pasen mucho tiempo con el Señor antes de elegir un nuevo pastor».
Todo el tiempo, mantuvo su mirada fija en un joven. Se trataba de un nuevo cristiano. Nada en sus antecedentes indicaba que estuviera listo para servir al Señor. Era un artesano y deseaba continuar como tal.
Pero Dios tenía otros planes para John Bunyan. Casi en contra de su voluntad, Bunyan recibió múltiples oportunidades donde su testimonio público produjo mucho fruto. La iglesia puso su mirada en este joven. Bunyan lo narra así:
Después de cinco o seis años ahí, buscando aprender y hacer la voluntad de Dios, y de haberle entregado mi alma, algunos de los miembros más capacitados entre nosotros, y de los más preparados en juicio y santidad, observaron que Dios me había bendecido con el don de comprender Su voluntad en Su santa y bendita Palabra, y me había dado las palabras para expresar lo que edificaría a los demás; por esta razón, ellos deseaban seriamente que, en algún momento, tomara la palabra en alguna de las reuniones para exhortarlos. [Gracia abundante para el mayor de los pecadores, John Bunyan]
Sabiamente, la iglesia puso a prueba al nuevo predicador, dándole oportunidad de predicar. Aunque la congregación lo apoyaba, Bunyan era un ministro reacio.
Entonces, un día, Bunyan leyó las palabras de Pablo en 1 Corintios 16 que exhortaban a los hombres dotados a estar firmes y esforzarse en el servicio de la congregación. Estas palabras añadieron fuerza al estímulo de la iglesia y convencieron a Bunyan de dejar de huir de su llamado:
Por medio de este pasaje, me di cuenta de que el Espíritu Santo nunca busca que los hombres con dones y habilidades los entierren bajo tierra, sino que les ordena levantarse y usar sus dones, y también se lo ordena a aquellos que están listos y capacitados para hacerlo. Por lo tanto, aunque me considerara el más indigno entre los santos y con gran temor de mis debilidades, me levanté y empecé a trabajar y a usar mis dones y, en la medida de mi fe, prediqué lo que el santo Espíritu de Dios me mostraba en Su santa Palabra. [Gracia abundante para el mayor de los pecadores, John Bunyan]
Bunyan inició su ministerio cuando fue identificado por una pequeña congregación que mendigaba lugares para reunirse. Cuando la persecución en Inglaterra descendió a los collados, la pequeña congregación tuvo que esconderse. Y el hombre que Gifford esperaba que cuidara de ellos fue a prisión.
Durante doce años, Bunyan se debilitó en la cárcel de Bedford. Pero, tal como sabemos, fue un prisionero extraordinariamente ocupado. Durante este tiempo, escribió su autobiografía, Grace Abounding to the Chief of Sinners [Gracia abundante para el mayor de los pecadores] y El progreso del peregrino. Bunyan no escribió en prisión para mantenerse ocupado o para comprar su libertad; escribió porque Dios lo había llamado al ministerio. La iglesia había confirmado el llamado y él no iba a dejar que un poco de persecución le impidiera hacer lo que había sido llamado a hacer. Escribió y se convirtió en pastor; y la iglesia de Dios ha sido alimentada por su ministerio desde entonces.
Por Dave Harvey



